“ Yo te follaba” - no mentía en absoluto.
Lucía quitó el post it de su pantalla, lo leyó repetidamente hasta que sus mejillas enrojecieron y necesitó desabrocharse el primer botón de su camisa.
Miró a su alrededor en busca de alguna mirada indiscreta, yo continuaba aporreando mi teclado, como si ese suceso me fuese ajeno por completo.
Era la primera vez en meses que la veía sonreír. Ese “ yo te follaba ” lo tenía más que merecido. El cabrón de su marido la estaba matando en vida.
Cada lunes el mismo ritual, llegaba ojerosa y con los ojos llorosos.
Poco o nada quedaba de aquella Lucía sonriente que siempre me traía el café y me preguntaba cuántos corazones había roto durante el fin de semana.
La nueva dinámica era que yo le preguntaba que tal había ido su fin de semana y ella mentía con un - todo genial, gracias- mientras apretaba los dientes y contenía las lágrimas.
Fran ¿has visto quién se ha acercado a mi mesa? - preguntó ruborizada-
No compi, acabo de llegar del baño. ¿Todo bien?
Si claro, todo bien. Es que me había dejado la pantalla con información importante, un descuido, quería cerciorarme de que nadie hubiese visto nada.
Pues ni idea Lucía, estando yo aquí, no he visto a nadie. No te preocupes.
Apenas habló en toda la mañana, se dedicó a contestar las llamadas y tomar notas. El salvapantallas se le activó un par de veces, se quedaba ensimismada en su mundo, espero que uno feliz en el que alguien cumplía todos y cada uno de sus deseos. No podía hacerme ilusiones, mi cara no estaba en su top tres de polvos inter festivos, para ella solo era un crío, no se cansaba de repetirlo.
Yo tampoco me cansaba de imaginarla con el modelito que llevó a la cena de empresa. Cada vez que nos cruzábamos en el almacén de la oficina, se me ponía dura solo de imaginar como la pondría contra la pared.
Por el momento, tendría que conformarme con mirar el canalillo de reojo cada vez que se acercaba a mi escritorio para explicarme algo.
¿Lucía unas cerves hoy? - pregunté conociendo la respuesta-
Inglés y fútbol
Ya decía yo que esas piernas no eran solo de hacer yoga - le dije en tono juguetón-
¡Mira que eres payaso! Tengo que recoger a los niños - dijo entre risas mientras me apretaba el hombro - Erección en camino, ya estaba llegando a un punto de no retorno…
A la mañana siguiente, apareció esa Lucía que me encantaba.
El atuendo de hoy nada tenía que envidiarle al modelito de la cena de navidad ¡Estaba increíble!
¡Así no se puede trabajar! El finde no había ido mal del todo.
Acabé la noche en la casa de la amiga de un amigo. El polvo no estuvo mal, pero nada memorable, habíamos bebido demasiado, el típico polvo de desahogo. Nos habíamos seguido por Instagram, algún like a las stories y nada más. Lucía me estaba enloqueciendo. Follar con ella se estaba convirtiendo en una necesidad vital. Hacía tres años que nos conocíamos, era terreno vetado, estaba casada y nunca había mostrado el mínimo interés ni por mi, ni por nadie que no fuera su marido.
Aquella conversación que escuché sin querer, en la que ella lloraba mientras le contaba a una amiga, que le había pillado mensajes a su marido, con otra, me había dado alas. La idea de darle lo que no le daban en casa, era el único motivo por el que iba al trabajo con ganas de estar allí.
¿Cómo narices se le dice a un pivón que está casada que te la quieres follar sin ánimo de lucro y sin que te acusen de acoso?
Nuevo Post it: Te sienta mejor la sonrisa que esa falda, y eso eso es decir demasiado.
P.D: Admirador, no acosador.
En esta ocasión, después de leer el post it, miró en una sola dirección, mi mesa. Escondió el post it debajo del teclado y siguió como si la cosa no fuese con ella. Pasaron un par de minutos, se levantó y se acercó a mi.
¿Quieres un café? - susurro, distancia de seguridad inexistente y su pecho en mi hombro- ¿Casualidad o invitación?
Claro, un café genial, de paso me podrías traer un paquete de post it del almacén, por favor.
Por supuesto, de los de color verde ¿no? parece que te gustan.
Los verdes me encantan Lucía - la quiero estampar contra la mesa-
Ya me había dado cuenta, eres el único que los utiliza - dijo bajando la voz mientras se mojaba el labio- ¡Que ganas tenía de comerle la puta boca!
Se alejó de mi mesa y yo seguí el contoneo de su culo hasta el almacén, al parecer el café iba a esperar. Entré y cerré la puerta, ahí estaba con el paquete de post it en la mano, se acercó y me los metió en el bolsillo y por supuesto comprobó el género. La tenía dura como una piedra. No lo pensé mucho, la cogí del culo mientras la frotaba contra mi comiéndole la boca de forma frenética y animal. Oímos un ruido y decidimos salir, ella hacía la máquina de café y yo directo al baño.
Aquella misma tarde, acabamos follando en el baño del parking. Sexo brutal y salvaje, nada de desahogo, pura necesidad, suya y mía. No llegué ni a quitarle las bragas. Follamos como monos en celo, hacía meses que no me corría así.
Es lo que pasa cuándo no te dan de comer en casa, acabas comiendo fuera y yo tenía ganas de comérmela y que me la comieran. Es lo que me encanta de las mujeres maduras, ni florituras ni historias, saben lo que quieren y cómo lo quieren.
No piden más de lo que desean en el momento, ya lo tienen todo o casi todo.
Al día siguiente, el post it era amarillo:
“ Follada y agradecida. Cambio y corto”
No volvimos a hablar del tema, ni a follar, ni a escribirnos post it.
El tema había quedado resuelto. Aquel polvo a ella, le recordó, que tiene un océano de posibilidades antes de ahogarse llorando en un mar de lágrimas.